Colada la piƱa
- Patricia Lugo
- 5 abr 2020
- 5 Min. de lectura
Ā”Buenos dĆas!, se escucha como cada maƱana el cantar del gallo del vecino, mi habitación con ese peculiar frĆo y olor a madera, el color rosado que decidieron mis padres poner para la habitación de su āpequeƱaā, una vez mĆ”s frente a mis ojos. A lo lejos el ir y venir de unos pasos, que seguramente serĆ” mi madre. Un televisor encendido a lo lejos, que preveo es mi hermano viendo un programa maƱanero.
He dejado la mañana transcurrir, desayunamos como siempre en la cocina. Salgo al patio y observo el flujo del sol, la belleza que es sentir cómo va calentando poco a poco el hogar, haciendo que la vida cobre luz, calor y quizÔ un poco de viveza.
Regreso a mi habitación, abro las cortinas. Mi mirada perdida entre la ventana y el suceder de la naturaleza, en ocasiones corroe mi sensación de realidad, me hace perderme, desconectar y reflexionar, pero de pronto recuerdo que me han dejado tarea del colegio, asà que me pongo a ello. Algo interrumpe mi atención, un sonido abrumador de la licuadora en funcionamiento, ”Vaya gracia!, yo queriendo estudiar y la licuadora en su mÔximo esplendor.

Al abrir la puerta de mi habitación un olor penetra mi nariz, Ā”mi madre esta cocinando!, Ā”delicia total!, un aroma de arroz blanco camina por todos los rincones de la casa, seguido de lo que seguramente serĆ” mole verde. Probablemente cuando muera, el dĆa antes de mi muerte pedirĆa un plato de arroz blanco, con mole verde y no cualquiera Ā”El de mi madre!, con esas tortillitas de maĆz bien quemaditas en el comal, Ā”Oh por dios!; no despistemos la mente de lo que realmente importa, ĀæEn quĆ© estaba? Ā”Ah, si!, Me dirijo a la cocina, porque, pese a la distracción del aroma, la licuadora sigue en marcha, poniendo de nervios mi cabeza, y ahĆ esta, mi hermanito, con su peculiar sonrisa de hoyuelos en las mejillas, tratando de que el hielo se pique en la licuadora.
Me acerco y pretendo imaginar lo que hace me siento y lo miro; ese odio inĆ©dito hacĆa el hermano mayor, envuelto por un cariƱo especial, la dualidad perfecta de hermandad: le odio, pero lo quiero, me fastidia, pero no quiero que nunca se vaya, me desespera, pero me hace reĆr. En fin, veo que por fin despuĆ©s de tantos intentos ha logrado picar el hielo, a su lado observo que tiene una piƱa, leche de coco, azĆŗcar, lechera, ĀæQuĆ© pretende?, unas sombrillas pequeƱas en un palillo y unas cerezas que estĆ”n por ahĆ en una tabla. Mi madre lo observa con esa mirada intrĆ©pida de risa pĆcara, en la que sabe que algo saldrĆ” no del todo bien.
Ā”Ay esos dĆas!, esos dĆas de estar en la cocina todos juntos, cada uno con en su tema, pero todos juntos. Detener el tiempo en los recuerdos es una cualidad perfecta del ser humano, pero si pudiese ser capaz de disfrutarlos en su mĆ”ximo esplendor, quizĆ” los recuerdos no serĆan tan importantes.
Escucho de fondo la risa macabra y risueƱa de mi hermano, algo esta pasando y creo pensar que el complot de mi madre y Ć©l es hacĆa mi. Le grito mientras observo sus pasos, ācolada la piƱaā, tras un tiempo nos sienta a mi madre y a mi, y coloca en frente de nosotros un vaso largo con una mezcla amarillenta clara y una sombrillita de decoración, un trozo triangular cortado de piƱa en la esquina del vaso y su respectiva cereza.

Una piƱa colada perfecta para ese fin de semana en familia, le ha colocado tambiĆ©n una āpajita, popoteā (cómo el lector lo prefiera). Y ahĆ voy, sorbo poco a poco, y Ā”Madre mĆa! ĀæQuĆ© es esto?, a entrado por mi cerebro el frĆo, lo ha dejado un poco noqueado y a su vez una sensación de dulzor que no ha tardado ni tres segundos en sentir que recorrĆa todo mi cuerpo, mis ojos han quedado bien abiertos, mi risa quiere salir a la vez que trato de contener el liquido que me resta en la boca, para no tratar de escupirlo. Estoy aguantĆ”ndome la risa, mi hermano por detrĆ”s no para de reĆr, mi madre tratando de contenerse, āla piƱa colada mĆ”s dulce del mundoā; Es que era de esperarse, ya que, a mi hermano en su adolescencia, le gustaba beberse el cafĆ© con tres cucharadas de azĆŗcar, si podĆa le aƱadĆa casi cinco. Ā”QuĆ© locura de piƱa colada! o de dulce de piƱa, lo que se explique mejor a aquel momento.
Ha dejado en mi cuerpo una sensación de hiperactividad, quiero salir a correr, subir, bajar las escaleras, gritar, reĆrme, perseguir a mi hermano. āEl azĆŗcar una droga perfecta para una infanta ya de por sĆ un tanto activaā.
DespuĆ©s de un par de horas que mi cuerpo decidió anular la sensación de azĆŗcar en sus venas, extasiada por el momento y con el estomago adolorido de tanto reĆr, subo a mi habitación que deja percibir un ambiente un tanto frĆo por el clima y me tumbo en la cama, algo asĆ como queriendo simular a un angelito en la nieve. Mi vista ve al techo de madera blanca, y me pregunto ĀæDónde habrĆ” sacado la idea mi hermano?
”Por supuesto!...
La tradición mexicana te dice que de niƱo siempre hay que viajar en familia, ātodos juntos como muĆ©ganosā, (para el lector que no sepa quĆ© es un muĆ©gano, es un dulce hecho con trocitos cuadrados de harina de trigo fritos, pegados unos con otros todos juntos con miel, formando una esfera). Ā”si!, siempre todos juntos, a donde sea, pero todos juntos. Naturalmente los mejores destinos para esta situación, es un lugar en la playa, para que todos nos divirtamos, pero en un lugar seguro, y quĆ© mejor que un hotel āall inclusiveā, donde todos pueden hacer lo que quieran.
Estos hoteles en vacaciones familiares, son digamos algo asĆ como el momento perfecto para ponerte el baƱador (traje de baƱo), y salir corriendo de la habitación del hotel a la alberca (piscina), y aventarte de un clavado. Mientras que tu madre, baja con el bolso, las toallas, y se sienta a un lado en una camilla a observar y relajarse. Momento perfecto en el que el cuerpo de un buen mexicano amerita un sorbo de dulzor y frescura, y Āæpor quĆ© no? si es para un adulto, con ron, -Mesero, ĀæMe podrĆa traer una piƱa colada? - Frase de mi madre, rutinaria de unas vacaciones en familia, pero la de ella: -Sin alcohol, Ā”Gracias! -
Divinas vacaciones, Ā”mĆ”gicas!, recuerdos memorables en los que no podĆa faltar la visita por las noches de la programación del teatro que tienen dentro del hotel, y a decir verdad, cada dĆa comer en el buffet, todo lo que te quepa en el estomago. Lo cual debo admitir que mi hermano se lo tomaba muy enserio.
Momentos mĆ”gicos, que se reflejan a travĆ©s de una sonrisa en mi rostro, desde mi escritorio, unos veinte aƱos despuĆ©s. Imaginando estar ahĆ juntos, los tres ā¦



